viernes, 31 de octubre de 2014

¿Es tiempo de buscar ayuda? un test para la depresión

viernes, 31 de octubre de 2014

Un test para la depresión


Para completar el cuestionario, cuente el número de ítemes con los que está de acuerdo:

1. Me siento desanimado y triste.
2. No disfruto las cosas como antes.
3. Siento que los demás estarían mejor si yo estuviera muerto.
4. Siento que soy un inútil o innecesario.
5. Me doy cuenta de que estoy perdiendo peso.
6. Tengo problemas para dormir por la noche.
7. Estoy inquieto y no puedo estar tranquilo.
8. Mi mente no está tan clara como antes.
9. Me siento cansado sin motivo.
10.El futuro es desesperanzador.


Puntuación: Si está de acuerdo con al menos cinco de los ítemes, incluyendo 1 ó 2, y si ha tenido estos síntomas durante al menos dos semanas, es recomendable que busque ayuda profesional. Si responde al ítem 3 de manera afirmativa, se recomienda que busque ayuda inmediatamente. La ayuda especializada puede venir de un médico de cabecera, psiquiatra o psicólogo.

Este test de tipo screening no es un diagnóstico clínico, tan solo indica la presencia o ausencia de síntomas y proporcionan una referencia para comprobar si una evaluación adicional profesional es necesaria.

¿Por qué buscar ayuda?

A pesar de los avances sociales, la APA señala que aún existe determinado estigma, o renuencia, asociado con buscar ayuda para los problemas emocionales y mentales. Los sentimientos de depresión suelen considerarse como un signo de debilidad cuando en realidad son síntoma de que algo no está equilibrado. La APA y la investigación sustentan que las personas con depresión no pueden simplemente reaccionar y sentirse mejor, es decir, que la depresión mayor no se cura tan solo poniendo buena cara, "poniendo de su parte", ni tampoco en resignarse y aceptar el sufrimiento, sino que precisa de ayuda especializada sanitaria.

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El cuestionario "Un test para la depresión" es una versión publicada por Feldman de un test distribuido en el National Depression Screening Day de 2003, evento que busca que personas que padecen síntomas depresivos lo suficientemente severos para necesitar ayuda psicológica, sean capaz de identificarlos.

* Feldman, R. S. (2010). Understanding psychology, 10th ed. Boston: McGraw-Hill. 

lunes, 27 de octubre de 2014

Eso que llaman depresión

lunes, 27 de octubre de 2014
La prevalencia de la depresión mayor en España es de aproximadamente 4%, eso quiere decir que 1,855,191 personas pueden cumplir los criterios diagnósticos. Pero, ¿Qué es la depresión? La depresión es un estado emocional, biológico, cognitivo y conductual que se caracteriza por infelicidad, fatiga extrema y un profundo sentimiento de desesperanza.

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Cuando los psicólogos hablamos de depresión, no nos referimos a la tristeza que todos experimentamos ante las decepciones y momentos difíciles de la vida. Es normal sentir tristeza ante el fin de una relación afectiva, ante la pérdida de un trabajo, cuando muere un ser querido. También es normal sentir tristeza ante problemas menos graves, como no conseguir entradas para el concierto de Sabina, que tu pareja olvide tu cumpleaños, que prepares mal un informe en el trabajo.

Las personas que padecen depresión experimentan sentimientos similares, pera la severidad suele ser mucho mayor. Pueden sentirse inútiles, sin valor, solos, pueden pensar que la perspectiva del futuro es desalentadora, pesimista, desesperada y que nadie puede ayudarlos. Pueden perder el apetito, no tener energía. Pueden experimentar estos sentimientos durante meses y años. Unos pueden llegar al punto de llorar sin control, presentar trastornos del sueño y riesgo de suicidio. La profundidad y la duración de estos sentimientos y conductas son las características fundamentales de la depresión mayor. 

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La depresión mayor se diferencia de la depresión normal (o la tristeza) que se produce durante la vida de la mayoría de los humanos, en que ésta es más intensa, dura más y no tiene un desencadenante claro, interfiriendo con la concentración, la toma de decisiones y la sociabilidad de la persona que la padece.

Resalto que nadie es culpable de estar deprimido. Estar deprimido no es una opción o decisión de la persona. El autodiagnóstico o el diagnóstico de un familiar o un amigo puede no ser acertado, dado que no hay un solo tipo de depresión, hay varios y una persona no tiene porque presentar toda la sintomatología del espectro depresivo para estarlo (por ejemplo, se puede estar deprimido sin estar triste). Como hemos visto, la tristeza puede ser identificada fácilmente, pero el diagnóstico de una depresión mayor tiene diferentes matices. La tristeza puede ser muy bien tratada por familiares y amigos, pero la depresión mayor es un trastorno que a parte de esa red de apoyo, necesita de profesionales sanitarios para su tratamiento.


 * Feldman, R. S. (2010). Understanding psychology, 10th ed. Boston: McGraw-Hill. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

Introducción al apego

miércoles, 22 de octubre de 2014
Iba en el autobús y había un niño de algunos 4 años, estaba con su padre que parecía recién lo había recogido del cole. El niño se veía feliz, un niño normal, alegre, sonriendo. Y me resultó curioso lo mucho que intentaba llamar la atención de su padre "Papá, papá, hoy he dibujado una princesa, ¿La quieres ver?" "Papá, en el cole la seño me felicitó por mi dibujo". El padre de algunos 35 años hablaba por Whatsapp (ignoro si era importante la conversación). El niño no sabía que hacer para llamar la atención y empezó a moverse inquieto en el asiento. El padre no despegó la vista del móvil. El niño siguió en lo suyo, contándole al aire su día en el cole. Llegó la parada, el padre tomó de la mano al niño, se bajaron del autobús y fueron hijo, padre y móvil por la calle.

Aunque un ejemplo sencillo, sesgado y para nada representativo, ¿Qué tipo de apego puede desarrollar un niño que ve desplazada su necesidad de atención por un aparato electrónico quizá en los pocos minutos al día que puede tener a papá solo para él?

La Teoría del Apego puede ser resumida en que el estado de seguridad, temor o ansiedad de un niño se determina en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto. Esta persona (o personas) puede ser: papá, mamá, abuela, abuelo, niñera, profesora de la guardería, etc. Para Bowlby*, el apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus cuidadores principales y que le proporciona la seguridad emocional necesaria para un adecuado desarrollo de su personalidad.

Es cierto que el ritmo de vida, las exigencias laborales y sociales nos quitan tiempo, que tenemos que hacer malabares para compaginar todo y cumplir con el mandato social de que tenemos que ser: buenos en el trabajo, buenos en las relaciones de pareja, buenos en las relaciones sociales, buenos padres, buenos todo. También es cierto que cuando llega un hijo no lo hace con un manual de instrucciones. Pero, de vez en cuando, dejemos el móvil a un lado y tomemos unos minutos para mirar a los ojos a nuestros hijos y escuchemos sus grandes aventuras.

El ejemplo del autobús ilustra el que podría un apego de tipo ¿ansioso-evitativo?. Este y otros se irán tratando más adelante.


 * Bowlby, J. (1988). A secure base: Clinical applications of attachment theory. London: Routledge.

lunes, 20 de octubre de 2014

Eso que llaman normalidad

lunes, 20 de octubre de 2014
Hace años, un profesor preguntó que era la normalidad. Hubo respuestas dispares, algunos decían que lo normal es lo que está bien, otros replicaban que lo normal es lo que hace la mayoría, que normal es sinónimo de sano. El profesor dibujó en la pizarra una Campana de Gauss y estableció lo que es una distribución normal. Sin entrar mucho en estadísticas, definamos que se considera normal una característica frecuente en la mayoría de la población.


En ese momento hablamos de trastornos psicóticos, de psicología anormal. Y el debate se caldeó más: ¿Se llama psicología anormal porque la mayoría de la población no presenta sintomatología o por qué los síntomas pueden ser tan graves que llegan a discapacitantes? ?¿Qué es la anormalidad? La RAE lo define como aquello que accidentalmente se halla fuera de su natural estado o de las condiciones que le son inherentes, algo infrecuente.

En la campana de Gauss una persona extremadamente inteligente o extremadamente rica es de baja ocurrencia estadística, algo rarísimo, poco frecuente, es decir, anormal. En países de primer mundo las personas que viven por debajo del umbral de pobreza son tan anormales como las extremadamente ricas. Entonces, ¿Qué es normal? ¿Qué es anormal?

Al final concluimos, siguiendo la pauta de la OMS, que la normalidad como sinónimo de salud mental es cuando no se muestran signos y síntomas psicopatológicos o si los hay permiten a la persona conductas funcionales y adaptativas (que garanticen su bienestar y supervivencia). Pero también, no se puede obviar que lo normal es lo frecuente dentro de una población.

Además, lo normal no tiene porque ser sinónimo de sano, lo normal tampoco tiene que ser sinónimo de bueno. Aquello que se considera bueno y normal, pasa por el filtro de sistema de creencias morales, sociales y religiosas de las personas.

Ejemplos:

Actualmente, el consumo de alcohol en adolescentes es normal. Para los adolescentes es genial, para los padres es el grito al cielo.

El uso de la tecnología e Internet por parte de niños sin supervisión es normal. No se habla de esto.

La sintomatología ansiosa depresiva en adultos es normativa. Como muchos la presentamos, corremos un tupido velo y no se habla de esto.

Actualmente la norma es tener un hijo, si alguien tiene tres o más, muchos lanzamos discretas miradas al cielo y decimos por lo bajini: “¿Están locos?”


Hay veces que nos escondemos en el grupo, detrás de la mayoría. Si la mayoría lo permite ¿Qué más da? ¿No?.

Supongo que también podemos considerar como normativa una frase de madre por excelencia: ¿Si Fulanito se tirase de un puente tú te tirabas también? Hay veces que no pasa nada por ser un poco anormal.

jueves, 16 de octubre de 2014

¿Tomar decisiones? ¡Me da miedo!

jueves, 16 de octubre de 2014
En la entrada anterior hemos visto como Alicia tomó decisiones que le cambiaron la vida. Si has leído Alicia en el País de las Maravillas recordarás que al inicio del libro ella estaba aburrida, vio a un conejo blanco mirar su reloj y entrar a una madriguera, a ella le dio curiosidad y decidió seguirlo. Podemos hablar largo y tendido sobre como Alicia es ¿valiente? y hasta un poco temeraria…¿Eres como Alicia? ¿Capaz de tomar decisiones de manera irreflexiva e impulsiva? ¿Tomas decisiones luego de meditar y ver pros y contras? ¿O tiendes a pensar y pensar y pensar… y quedarte pensado?

La mayoría de las personas ante situaciones desconocidas sentimos miedo. El miedo es una emoción poderosa, básica, que todo ser humano experimenta en mayor o menor medida y a lo largo de su vida. El miedo aunque considerado una emoción negativa por el malestar que produce no es una emoción mala, para nada mala. Gracias a esa emoción existimos como especie el día de hoy, es un legado evolutivo para producir respuestas adaptativas ante un peligro psicológico o físico. Imagina un hombre de Cro-Magnón que no tiene armas para defenderse y fuera de su cueva hay una manada de lobos, si sale de su escondite ¿Qué probabilidad tiene de sobrevivir?, el miedo puede que lo paralice y lo mantenga resguardado pudiendo garantizar su supervivencia.  Bowlby indica que las causas del miedo pueden ser la presencia de algo amenazante o la ausencia de algo que proporciona seguridad y confianza. Si tenemos que decidir dejar la seguridad de un trabajo, de nuestra casa para ir a otro lugar, la incertidumbre de finalizar una relación, es normal sentir miedo. La principal función del miedo es protegernos. Ni más, ni menos. Sentir miedo y ansiedad no tiene porque ser sinónimo de un trastorno psicológico.

Ante el miedo podemos reaccionar de formas distintas, algunas veces evitamos el estímulo que nos vuelve miedicas, otras veces el miedo literalmente nos paraliza, puede que reaccionemos con atacar directamente al objeto que nos amenaza (animal, vegetal, mineral, situación). Esto quiere decir, que si la huida no es posible o deseada, el miedo también puede motivarnos a afrontar los peligros. Cuando el miedo es adaptivo, es decir, cuando el miedo nos hace reaccionar de tal modo que garantice nuestro bienestar, provoca en nosotros un aprendizaje que nos reafirma y da seguridad.

Un alto porcentaje del malestar que sentimos en nuestras vidas están relacionados con miedos excesivos. Si ante la toma de una decisión eres capaz de regular tus emociones, genial. Pero si sientes miedo, es normal, no pasa nada, eso no te convierte en cobarde, solo reafirma que eres humano. Tu cuerpo está enviando la señal de que es tiempo de detenerse y analizar la situación. Y por paradójico que pueda ser, el miedo, la ansiedad tienden a reducirse una vez que decidimos que hacer, llegado el momento hay que afrontar el miedo, ya sea tomando una decisión o buscando ayuda si te sientes paralizado. La ayuda puede venir de amigos, familiares, conocidos, también ayuda profesional. Pero una red de apoyo, saber que sin importar que ocurra puedes contar con el hombro y palabras de personas que quieren tu bien puede quitar un gran peso a la incertidumbre del futuro. Por más que nos expliquen como se nada y los movimientos que hay que realizar, a nadar solo se aprende en el agua.

lunes, 13 de octubre de 2014

Alicia toma decisiones

lunes, 13 de octubre de 2014


(…)
- Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
- Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar —dijo el Gato.
- No me importa mucho dónde… — dijo Alicia.
- Entonces no importa el camino que tomes —dijo el Gato.
- ... siempre que llegue a alguna parte —añadió Alicia como explicación.

Muchas veces nos encontramos en encrucijadas, con que tenemos que tomar alguna decisión que cambie nuestro estilo de vida, o que lo afecte considerablemente. Algunas veces esas decisiones se toman desde la inercia, desde el no hacer nada, permitiendo que factores externos nos obliguen a movernos,  y que éstos al fin y al cabo tomen la decisión por nosotros. Lo positivo de este método es que si las cosas no salen como se esperaba nos podemos esconder detrás del “fueron las circunstancias” “escapa de mi control” o el “no fue mi culpa“, lo negativo es que nos convertimos en marionetas en nuestras propias vidas, a veces, la peor decisión es la que no se toma.

Ese fragmento de Alicia en el País de las Maravillas encierra una gran verdad. Si se quiere salir de donde se está (resolver un problema), hay que caminar (tomar una decisión). Es cierto que las personas afrontamos la toma de decisiones basados en lo que hemos aprendido y la experiencia de vida, que día a día hacemos elecciones que no nos suelen generar estrés, pero también es cierto que en algunas áreas de nuestra vida la resolución de un problema se convierte en un proceso difícil y psicológicamente estresante al que de vez en cuando tenemos que enfrentarnos (cambio de trabajo, movilidad geográfica, finalizar una relación…). Algunos de los factores que convierten este proceso en difícil son el coste emocional que generan o que las soluciones que percibimos son aparentemente opuestas a nuestras expectativas.

Si quieres un cambio, resolver un problema, y no te importa mucho dónde terminar, entonces da igual el camino que tomes. Sin embargo, hay estrategias, además del ensayo y error, que pueden auxiliar y facilitar el proceso de la toma de decisión.

Pero primero, ¿Qué es un problema?

Es el no poder encontrar una respuesta eficaz ante una situación determinada. El problema de Alicia no era que estuviese perdida, ni que estuviese hablando con un gato. El problema que tenía Alicia era que no sabía donde quería ir. El primer paso en la toma de decisiones es definir el problema.
- ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte —aseguró el Gato—, si caminas lo suficiente!
A Alicia le pareció que esto no tenía vuelta de hoja, y decidió hacer otra pregunta:
- ¿Qué clase de gente vive por aquí?
- En esta dirección —dijo el Gato, haciendo un gesto con la pata derecha— vive un
Sombrerero. Y en esta dirección —e hizo un gesto con la otra pata— vive una Liebre de
Marzo. Visita al que quieras (…)
El segundo paso es generar alternativas. Pensar en un amplio rango de escenarios y soluciones potenciales para la resolución del problema. Cualquier idea es válida. Siguiendo el ejemplo de Alicia, ella generó alternativas cuando preguntó al Gato direcciones, bien pudo ella seguir caminando sola en el bosque.

El tercer paso es la toma de decisión. Y la clave para hacerlo es de todas las soluciones potenciales, identificar las posibles consecuencias de cada una de ellas y conducir un análisis de coste-beneficio. La alternativa que obtenga un beneficio superior en principio es la que hay que poner en práctica. Visitar al Sombrerero o a la Liebre representa el mismo coste-beneficio, quedarse caminando en el bosque intuitivamente puede representar pérdidas ante el peligro de una zona “salvaje” y quedarse en el mismo lugar no modifica la situación.

El cuarto paso sería implementar la solución y evaluarla. Ahí valoramos los resultados que hemos obtenido al ejecutar la mejor decisión del tercer paso, su efectividad y  además hacer modificaciones al plan inicial si es necesario.
(…) pasados uno o dos minutos, la niña se puso en marcha hacia la dirección en que le había dicho que vivía la Liebre de Marzo.
- Sombrereros ya he visto algunos —se dijo para sí—. La Liebre de Marzo será mucho más interesante. (…)
Muchas veces nos quedamos estancados en el tercer paso, el miedo y la incertidumbre nos paralizan y nos cuesta pasar de la teoría a la práctica a pesar de los beneficios que representa  y la posibilidad de aumentar nuestra calidad de vida . Podemos considerar estos cuatro pasos como imprescindibles.

A pie de calle esto nos quiere decir que en la vida siempre vamos a encontrar problemas y encrucijadas, que un problema puede no tener una única solución, sino varias con diferentes costes y beneficios los cuales debemos evaluar para finalmente tomar un decisión. Siguiendo la analogía de Alicia: hay que caminar, ella se arriesgó, caminó hacia la Liebre conociendo allí al Sombrerero y terminó viviendo la aventura de su vida.





Nota: El proceso de toma de decisiones aquí expuesto está basado en el trabajo de D'Zurilla y Nezu.
D'Zurilla, T. J., & Nezu, A. M. (2007). Problem-solving therapy: A positive approach to clinical Intervention, (3rd ed.). New York: Spring Publishing Company.
Alicia, el Gato de Cheshire y los diálogos son obra de Lewis Carrol y la imagen propiedad de Disney. 

Fuera de Consulta © 2014