jueves, 16 de octubre de 2014

¿Tomar decisiones? ¡Me da miedo!

jueves, 16 de octubre de 2014
En la entrada anterior hemos visto como Alicia tomó decisiones que le cambiaron la vida. Si has leído Alicia en el País de las Maravillas recordarás que al inicio del libro ella estaba aburrida, vio a un conejo blanco mirar su reloj y entrar a una madriguera, a ella le dio curiosidad y decidió seguirlo. Podemos hablar largo y tendido sobre como Alicia es ¿valiente? y hasta un poco temeraria…¿Eres como Alicia? ¿Capaz de tomar decisiones de manera irreflexiva e impulsiva? ¿Tomas decisiones luego de meditar y ver pros y contras? ¿O tiendes a pensar y pensar y pensar… y quedarte pensado?

La mayoría de las personas ante situaciones desconocidas sentimos miedo. El miedo es una emoción poderosa, básica, que todo ser humano experimenta en mayor o menor medida y a lo largo de su vida. El miedo aunque considerado una emoción negativa por el malestar que produce no es una emoción mala, para nada mala. Gracias a esa emoción existimos como especie el día de hoy, es un legado evolutivo para producir respuestas adaptativas ante un peligro psicológico o físico. Imagina un hombre de Cro-Magnón que no tiene armas para defenderse y fuera de su cueva hay una manada de lobos, si sale de su escondite ¿Qué probabilidad tiene de sobrevivir?, el miedo puede que lo paralice y lo mantenga resguardado pudiendo garantizar su supervivencia.  Bowlby indica que las causas del miedo pueden ser la presencia de algo amenazante o la ausencia de algo que proporciona seguridad y confianza. Si tenemos que decidir dejar la seguridad de un trabajo, de nuestra casa para ir a otro lugar, la incertidumbre de finalizar una relación, es normal sentir miedo. La principal función del miedo es protegernos. Ni más, ni menos. Sentir miedo y ansiedad no tiene porque ser sinónimo de un trastorno psicológico.

Ante el miedo podemos reaccionar de formas distintas, algunas veces evitamos el estímulo que nos vuelve miedicas, otras veces el miedo literalmente nos paraliza, puede que reaccionemos con atacar directamente al objeto que nos amenaza (animal, vegetal, mineral, situación). Esto quiere decir, que si la huida no es posible o deseada, el miedo también puede motivarnos a afrontar los peligros. Cuando el miedo es adaptivo, es decir, cuando el miedo nos hace reaccionar de tal modo que garantice nuestro bienestar, provoca en nosotros un aprendizaje que nos reafirma y da seguridad.

Un alto porcentaje del malestar que sentimos en nuestras vidas están relacionados con miedos excesivos. Si ante la toma de una decisión eres capaz de regular tus emociones, genial. Pero si sientes miedo, es normal, no pasa nada, eso no te convierte en cobarde, solo reafirma que eres humano. Tu cuerpo está enviando la señal de que es tiempo de detenerse y analizar la situación. Y por paradójico que pueda ser, el miedo, la ansiedad tienden a reducirse una vez que decidimos que hacer, llegado el momento hay que afrontar el miedo, ya sea tomando una decisión o buscando ayuda si te sientes paralizado. La ayuda puede venir de amigos, familiares, conocidos, también ayuda profesional. Pero una red de apoyo, saber que sin importar que ocurra puedes contar con el hombro y palabras de personas que quieren tu bien puede quitar un gran peso a la incertidumbre del futuro. Por más que nos expliquen como se nada y los movimientos que hay que realizar, a nadar solo se aprende en el agua.

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