jueves, 18 de junio de 2015

Notas al margen sobre el sexo raro

jueves, 18 de junio de 2015
Los humanos somos muy peculiares. La entrada sobre sexo raro ha sido el post más leído de este novel blog (Google Analytics me lo dijo que es un cotilla) y sin embargo es la que menos me gusta tiene y la que más mensajes privados ha provocado.


Aprovechando el revuelo silencioso, no quiero perder la ocasión de marear un poco más le perdiz y matizar algunas cosas:

Un trastorno parafilico generalmente es sinónimo de confusión para quien lo padece. Tener deseos sexuales que son ilegales, causan daño a otro ser vivo o desagradan a la gran mayoría de las personas, suelen producir sentimientos de culpa, inadecuación e ir acompañados de un miedo atroz a que el “secreto” sea descubierto.

Desde la perspectiva psicológica la valoración moral es secundaria ante una persona que sufre y el hecho de que los trastornos parafilicos puedan cambiar, desaparecer, desarrollarse o disminuir con el tiempo revela que son tratables.

Este tipo de trastorno mental suele causar mucho revuelo a nivel social y a su vez, existe mucha desinformación en los medios. Pongamos por ejemplo la pedofilia (una de las parafilias más rechazadas y condenadas), si alguien siente deseos sexuales hacia un o una infante y nunca ha actuado ante ese impulso, no tenemos porque estar ante un trastorno mental (¡ay!), tampoco la persona es o tiene porque en un futuro abusar sexualmente de menores. Si el impulso sexual causa malestar o se cree que en algún momento se va a ceder, podemos estar ante un trastorno y lo mejor es buscar ayuda profesional, para evitar daños a sí mismo y a otros. 

Así que, por el momento creo que no hay nada más que decir.

lunes, 15 de junio de 2015

Sexo raro, sexo desviado, sexo del que pocos hablan

lunes, 15 de junio de 2015
Hace algunos meses hablábamos en un grupo de amigos sobre las desviaciones sexuales, en un contexto que invitaba a confesiones, alguien comentó algo por el estilo: "yo follaría o probaría casi cualquier cosa, con excepción de la pederastia o la zoofilia". Curiosa, al fin y al cabo, pregunté qué opinaba sobre la necrofilia y quizá fue el exceso de alcohol, pero entre risas, medio en broma, medio en serio -ve tú a saber porque- contestó: "la muerta ni siente ni padece". Profundizando en el tema, cuando preguntamos porque él no consideraría una relación sexual con una niña, respondió que la cría no tiene conocimiento ni madurez para participar en un acto sexual. Y cuando cuestionamos sobre su no rotundo ante el sexo con un animal, confesó que le da asquito.

(porque este post merece banda sonora)

Esa tarde hablamos sobre coprofilia, fisting, en fin, discutimos sobre muchas conductas sexuales socialmente censuradas (que escandalizarían a cualquier persona que no haya leído al Marques de Sade o sencillamente no haya escrito porno duro alemán en google) y en resumidas cuentas, para mi amigo el consentimiento es indispensable para involucrarse en cualquier tipo de actividad. A partir de ese punto, para él, existe un amplio abanico de potencial disfrute secsual.

En este momento quizá la pregunta que muchos se están haciendo no tiene que ver con explicaciones científicas y sí sobre mi amigo: ¿Qué Perencejo (vamos a llamarlo así) sea de amplias miras eróticas, que sea un “aventurero”, lo hace un “obseso sexual”?

El grupo del trabajo del DSM-5 es explicito:

La mayoría de las personas con intereses sexuales atípicos no tienen un trastorno mental. Es decir, no es lo mismo gustar de una práctica erótica poco tradicional que tener un trastorno parafilico.

Pero bueno, que nos liamos, definamos algunos conceptos:

Según la RAE atípico significa “que por sus caracteres se aparta de los modelos representativos o de los tipos conocidos”. Además, define parafilia sencillamente como una “desviación sexual”, así que para no rizar mucho el rizo digamos que una parafilia es una conducta sexual atípica, rara, poco común. Actualmente en el mundillo psicológico se considera que una parafilia por sí sola no necesita intervención clínica.

Entonces, ¿Qué podría convertir la aventura sexual de Perencejo en un trastorno?

Para diagnosticar a una persona con un trastorno parafilico tiene que reunir alguno de los siguientes criterios: 
  • sentir algún tipo de malestar acerca de su interés sexual. No basta que este malestar sea producto de la desaprobación de la sociedad;
  • que la conducta sexual implique malestar psicológico, lesiones o la muerte de otra persona involucrada o que involucre personas que no dan o sean incapaces de dar su consentimiento legal.  

El DSM-5 establece que la parafilia es una condición necesaria, pero no suficiente, para diagnosticar un trastorno mental; como hemos visto, el límite entre lo uno y lo otro se encuentra en si la parafilia produce malestar psicológico, deterioro en alguna área de funcionamiento de la persona y daños a terceros.

Para no dorar mucho la píldora: si la práctica sexual va acompañada de culpa, miedo, angustia; si no se tiene consentimiento explícito de la otra parte; si provoca disfunciones sociales, laborales y en otras áreas vitales; o si potencialmente de conocer las conductas sexuales la guardia civil toca a la puerta… puede que sea un trastorno.

¿Qué a alguien le pone utilizar pañales y ser tratado como un bebé? Pues, vale. ¿Es atípico? pues sí, muy atípico. ¿Qué es un trastorno mental? No necesariamente. ¿La persona ha perdido el trabajo por estar buaa-buaa todo el día? Probablemente sea un trastorno parafilico.

Dado que este tema tiene tela, mucha tela, muchos matices, muchas opiniones, muchas posiciones, finalizo este post diciendo y con ganas de aligerar un poco, que visitando la página de bestsellers de romántica erótica de Kindle, la temática del top 10 gira en torno al BDSM y cambiaformas,  (¿alguien ha dicho algo sobre la zoofilia?). Quien haya leído Canción de Hielo y Fuego o haya visto Juegos de Tronos, sabrá que la saga es un compendio de parafilias (y de trastornos parafilicos)... al final será que nos gusta ir más allá del misionero y todo.

lunes, 8 de junio de 2015

¡Cambio hijo por perro! La decisión de no ser padres

lunes, 8 de junio de 2015
Eran las 5 de la mañana, de repente abrí los ojos sintiéndome observada y ahí estaba. Sentado, mirándome fijamente.
-¿Qué pasa? – le pregunté
Seguía mirándome, sin pestañear, sin hacer ni un ruido. Me empezaba a sentir inquieta, era algo raro que despertara de madrugada, más raro aún que se acercara al dormitorio a esas horas y preocupante que se sentara en frente de la cama y me mirara con suficiente intensidad como para despertarme.
Me levanté y fui al salón, él me seguía, encendí algunas luces y vi en el suelo que había vomitado. Me acerqué a él y lo acaricié en la cabeza.
-Sigues malito…
Me acerqué a la cajonera donde guardo sus cosas. Él me seguía con su mirada y se sentó al ver que empezaba a preparar el medicamento que le recetó el veterinario. Lo tomó sin remolonear mucho, luego se fue a su camita y me quedé con él acariciándole y diciéndole lo bueno que era hasta que empezó a roncar. Limpié lo que había que limpiar y luego regresé a la cama.



Mientras intentaba conciliar el sueño de nuevo recordé al pájaro cuco. Y no pude evitar hacer la comparación con mi perro. El cuco es un pirata, un engaña aves. La cuco no construye nido, la hembra cuco deja su huevo en el nido de otra ave y se deshace de algunos huevos que encuentra en el nido que parasita, luego se desentiende de su huevo. Al nacer el polluelo, este intenta deshacerse de otros huevos que puedan haber en el nido y los padres adoptivos empiezan la ardua tarea de alimentar y cuidar un polluelo exigente que creen suyo, pero que no lo es. Es decir, el cuco es un parasito. Y en ese momento, en la discreción de la noche luego de velar por mi perro me sentí como un petirrojo cuidando a un polluelo de cuco.

Una cosa llevo la otra e inevitablemente pensé en parejas que conozco que tienen estabilidad, casa, todas esas cosas que supuestamente pueden proporcionar una buena crianza (es decir, tienen un buen nido) y… han decidido no tener hijos.

Obviamente tener un animal de compañía no es excusa ni motivo suficiente para no querer tener hijos. Es más, ni siquiera llega a motivo, puede que no sea más que una bonita sublimación del instinto maternal o paternal (ese deseo se canaliza hacia una forma más aceptable según las circunstancias particulares). Quizá tener hijos para algunos es algo no aceptable, no deseable ¿Cuáles pueden ser los motivos que llevan a una pareja a no tener hijos? Que más da, no deja de ser una decisión intima y personal.

Irremediablemente se llega a una edad en que la presión social “obliga” a tener descendencia si no se quiere ser catalogado como un ser egoísta. Frases como “se te pasa el arroz”, “tu vejez será solitaria” están a la orden del día porque claro, tener hijos para no ser un envejeciente solitario no es egoísta. Pero la frase social que lleva a muchos a tener hijos es: “¿Y si te arrepientes de no tener hijos?”, y yo pregunto: ¿Y si te arrepientes de tenerlos?. No nos gusta contemplar la otra opción. Muchos padres y madres no quieren a sus hijos pero de eso preferimos no hablar.

Decidir no tener descendencia es tan respetable como la que toman quienes quieren tener un bebé. No hace a un hombre menos hombre o una mujer menos mujer. Al fin y al cabo ¿Qué es la normalidad?


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