lunes, 8 de junio de 2015

¡Cambio hijo por perro! La decisión de no ser padres

lunes, 8 de junio de 2015
Eran las 5 de la mañana, de repente abrí los ojos sintiéndome observada y ahí estaba. Sentado, mirándome fijamente.
-¿Qué pasa? – le pregunté
Seguía mirándome, sin pestañear, sin hacer ni un ruido. Me empezaba a sentir inquieta, era algo raro que despertara de madrugada, más raro aún que se acercara al dormitorio a esas horas y preocupante que se sentara en frente de la cama y me mirara con suficiente intensidad como para despertarme.
Me levanté y fui al salón, él me seguía, encendí algunas luces y vi en el suelo que había vomitado. Me acerqué a él y lo acaricié en la cabeza.
-Sigues malito…
Me acerqué a la cajonera donde guardo sus cosas. Él me seguía con su mirada y se sentó al ver que empezaba a preparar el medicamento que le recetó el veterinario. Lo tomó sin remolonear mucho, luego se fue a su camita y me quedé con él acariciándole y diciéndole lo bueno que era hasta que empezó a roncar. Limpié lo que había que limpiar y luego regresé a la cama.



Mientras intentaba conciliar el sueño de nuevo recordé al pájaro cuco. Y no pude evitar hacer la comparación con mi perro. El cuco es un pirata, un engaña aves. La cuco no construye nido, la hembra cuco deja su huevo en el nido de otra ave y se deshace de algunos huevos que encuentra en el nido que parasita, luego se desentiende de su huevo. Al nacer el polluelo, este intenta deshacerse de otros huevos que puedan haber en el nido y los padres adoptivos empiezan la ardua tarea de alimentar y cuidar un polluelo exigente que creen suyo, pero que no lo es. Es decir, el cuco es un parasito. Y en ese momento, en la discreción de la noche luego de velar por mi perro me sentí como un petirrojo cuidando a un polluelo de cuco.

Una cosa llevo la otra e inevitablemente pensé en parejas que conozco que tienen estabilidad, casa, todas esas cosas que supuestamente pueden proporcionar una buena crianza (es decir, tienen un buen nido) y… han decidido no tener hijos.

Obviamente tener un animal de compañía no es excusa ni motivo suficiente para no querer tener hijos. Es más, ni siquiera llega a motivo, puede que no sea más que una bonita sublimación del instinto maternal o paternal (ese deseo se canaliza hacia una forma más aceptable según las circunstancias particulares). Quizá tener hijos para algunos es algo no aceptable, no deseable ¿Cuáles pueden ser los motivos que llevan a una pareja a no tener hijos? Que más da, no deja de ser una decisión intima y personal.

Irremediablemente se llega a una edad en que la presión social “obliga” a tener descendencia si no se quiere ser catalogado como un ser egoísta. Frases como “se te pasa el arroz”, “tu vejez será solitaria” están a la orden del día porque claro, tener hijos para no ser un envejeciente solitario no es egoísta. Pero la frase social que lleva a muchos a tener hijos es: “¿Y si te arrepientes de no tener hijos?”, y yo pregunto: ¿Y si te arrepientes de tenerlos?. No nos gusta contemplar la otra opción. Muchos padres y madres no quieren a sus hijos pero de eso preferimos no hablar.

Decidir no tener descendencia es tan respetable como la que toman quienes quieren tener un bebé. No hace a un hombre menos hombre o una mujer menos mujer. Al fin y al cabo ¿Qué es la normalidad?


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