Sobre el blog

Si hay algo que me llamó la atención cuando pisé por primera vez la facultad de psicología fue la cantidad de nombres y palabras raras que escuché por minuto. Aunque ha pasado más de una década recuerdo nítidamente que mi primera clase fue historia de la Psicología y en mi cerebro el nombre de Skinner se grabó a sangre y fuego. Al pasar las semanas y al escuchar a los profesores, me preguntaba como iba a sobrevivir a tanto nombre, teoría, fecha y a interiorizar una terminología hasta ese momento desconocida para mí.

Al profundizar mi formación me di cuenta que en ese primer día apenas había echado un vistazo al interior de la caja de Pandora, descubrí que cada corriente tiene su propia vocabulario. Tuve que aprender a hablar conductual, cognitivo-conductual, psicoanálisis, dinámico, integrador, humanista. Pero mientras más hablaba "psicología" descubrí que solo me servía para comunicarme con compañeros de profesión. Llega la práctica, a los pacientes o clientes no siempre les explicamos el trasfondo científico de las técnicas que utilizamos (no estamos allí para dar cátedra sobre el comportamiento humano sino para acompañar y orientar) y fuera de consulta, en el día a día soltar frases como "este afrontamiento evitativo me ha producido un episodio depresivo leve" resulta un poco cansino. 

Precisamente por toda la parafernalia (necesaria para comunicarnos entre colegas) del habla psicológica, a veces su compresión resulta inaccesible o dada a malas interpretaciones. 

Inaccesible porque hay veces que los libros parecen estar escrito en chino mandarín (a pesar de ser doctora, haber estudiado otros estudios de postgrados, muchos autores se me resisten). 

Y dado a malas interpretaciones porque en una profesión donde nos movemos entre códigos y figuras realmente hay que saber chino mandarín para interpretar. Por ejemplo, cuando los psicólogos leemos, decimos o escuchamos "trastorno" entendemos que es alguna alteración que afecta la calidad de vida, una persona ajena a la profesión puede interpretar que tener trastorno es sinónimo de tengountrastornolopeorquepuedepasaragobioagobioagobio. Y no. 

Por eso surge este espacio, un blog para tratar temas sobre psicología pero como lo hago fuera de consulta. Como los trato cuando estoy con algún amigo tomando un café. Aquí no encontrarás remedios, ni instrucciones, ni parches, pero sí te puedo ofrecer un espacio distendido para hablar y discutir sobre la experiencia humana sin tanto tecnicismos, con menos formalidad pero por mi parte espero que con un criterio no menos científico. Aunque en momentos puede que me "moje" con algún tema, los artículos y comentarios que aquí escriba no sustituyen la atención profesional y mucho menos la psicoterapia. Y aunque seguro se colará alguna anécdota de mi tiempo como estudiante o de mi experiencia como psicóloga, el objetivo de este blog es hablar de lo que ocurre fuera de consulta (historias, curiosidades). Lo que ocurre dentro de mi consulta, se queda allí. 

Bienvenido/a, pasa, lee, si quieres comenta y hablemos.

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